Haciendo discípulos somos dignos de nuestro salario

Lucas 10:7 …y posad en aquélla misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es dignó de su salario. No os paséis de casa en casa.

Siempre oímos en varias conversaciones -a veces justificando alguna actitud-: «el obrero es digno de su salario».


Sin embargo estas palabras dichas por Jesús hacen clara referencia a aquéllos que se dedican al ministerio de la predicación, de la verdad de Dios y en alusiva mención de que cada uno de los discípulos enviados por él. A los que además se les encomendó la precisa orden de no llevar nada para él camino para su aprovisamiento, pues este sería recibido de acuerdo a su trabajó por quienes hubiesen recibido la Paz de Dios que cada uno de los obreros llevaban consigo.

Otra de las cosas que Jesús pone en claro, es él no pasearse de «casa en casa». Es decir que debían aceptar con dignidad lo que se le había convidado en ese lugar, no mirando las apariencias. Así como con dos peces y cinco panes Jesús alimento una multitud hasta quedar todos saciados, lo que los discípulos recibiesen en la mesa o de los dueños de casa les serviría para ser saciados.

Y si nada o poco recibió entonces ¿Será qué a lo mejor ese discípulo no hizo nada para recibir? ¿Que deberá esforzarse más la próxima vez?. Doblando más las rodillas en oración, aprendiendo a caminar en oración, no avergonzándose del mensaje del evangelio, predicando con convencimiento y entendimiento. Y por sobre todo usando él poder y la autoridad que se le ha confiado (Lc. 9:1).
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